Editorial| ¿Un nuevo amanecer o más de lo mismo en la política panameña?

Este viernes 21 de junio, el Tribunal Electoral de Panamá entregó las credenciales a los diputados electos para la Asamblea Nacional y al Parlamento Centroamericano (Parlacen) en un acto que, a simple vista, simboliza la continuidad de la democracia panameña. Sin embargo, detrás de la solemnidad del evento, persisten serias dudas sobre la integridad y el compromiso de los nuevos diputados para enfrentar los profundos problemas de corrupción que asolan al país.

La ceremonia, presidida por los magistrados en Pleno, habilita formalmente a estos representantes a ocupar sus curules a partir del 1 de julio de 2024. Con un total de 70 credenciales para la Asamblea Nacional y 20 para el Parlacen, la jornada fue presentada como un hito crucial para la democracia. No obstante, es necesario cuestionar si esta nueva camada de políticos verdaderamente representa un cambio hacia la transparencia y la justicia, o si simplemente perpetúa un sistema plagado de corrupción y falta de rendición de cuentas.

Un ejemplo claro de las tensiones y desconfianzas en el proceso electoral es la impugnación de la curul en San Miguelito. Zulay Rodríguez, una candidata por libre postulación, ha cuestionado la proclamación de Omar Ortega del partido Realizando Metas. Este conflicto subraya la fragilidad y las disputas internas que pueden amenazar la legitimidad del proceso electoral y, por ende, la estabilidad política y social de la región. La resolución de este caso será un indicador clave de la capacidad del sistema para manejar controversias con justicia y transparencia.

La inminente juramentación de los diputados del Parlacen en República Dominicana el 20 de agosto también merece escrutinio. Este evento, que se enmarca en un contexto de integración regional, debería ser una oportunidad para fortalecer la cooperación y la transparencia entre los países centroamericanos. Sin embargo, la historia reciente de corrupción y falta de ética en la política regional nos obliga a ser escépticos sobre los verdaderos beneficios que estos representantes aportarán.

A nivel local, la entrega de credenciales a los representantes de corregimiento y concejales en las direcciones regionales de Organización Electoral es un proceso que debe ser vigilado de cerca. La importancia de estos representantes en la gestión y desarrollo de sus comunidades es innegable, pero también lo es su vulnerabilidad a prácticas corruptas y clientelistas. La transición ordenada y sin sobresaltos que se promete debe ser más que una mera formalidad; debe traducirse en un compromiso real con la transparencia y la responsabilidad.

Los desafíos que enfrenta Panamá son enormes y bien conocidos: una economía que necesita diversificación y sostenibilidad, un sistema educativo que requiere reformas profundas, problemas de seguridad que demandan soluciones integrales y, sobre todo, una corrupción endémica que socava la confianza en las instituciones. La sociedad panameña espera que los nuevos diputados no solo cumplan con sus funciones legislativas, sino que también demuestren con acciones concretas su compromiso con la ética y la transparencia.

Sin embargo, la experiencia nos enseña que los cambios prometidos durante las campañas electorales a menudo se disuelven en el mar de intereses particulares y presiones partidistas. La verdadera prueba para estos nuevos representantes será su capacidad para resistir estas influencias y trabajar en beneficio del pueblo panameño. La mirada crítica y vigilante de la ciudadanía y los medios de comunicación será fundamental para mantener la presión sobre estos diputados y exigir que cumplan con los valores de la democracia participativa.

En conclusión, la entrega de credenciales es más que un acto protocolar; es un momento que debería marcar el inicio de una nueva era de transparencia y responsabilidad en la política panameña. La esperanza de un Panamá más justo, próspero y equitativo depende de la capacidad de estos nuevos diputados para liderar con integridad y visión. La sociedad panameña observa con atención y exige que esta vez, el cambio no sea solo un discurso, sino una realidad palpable en la vida diaria de todos los ciudadanos.

Diputados.
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